Seis procesos automatizables en una asesoría fiscal
Con las horas mensuales que recupera cada uno en una asesoría de unos 40 empleados.
Publicado el 20 de agosto de 2026 · revisado el 19 de septiembre de 2026
Una asesoría española de unos 40 empleados gestiona entre 3.000 y 8.000 documentos de cliente al mes. La mayor parte del trabajo que rodea a esos documentos no requiere criterio profesional, y es precisamente el que se lleva las horas del trimestre.
Los seis, por orden de retorno
| # | Proceso | Horas/mes | Dificultad |
|---|---|---|---|
| 1 | Registro de facturas en A3 o Sage | 40-90 | Media |
| 2 | Recepción y clasificación de documentación | 25-50 | Baja |
| 3 | Reclamación de documentación pendiente | 15-35 | Baja |
| 4 | Conciliación bancaria | 15-30 | Media |
| 5 | Precomprobaciones de modelo 303 | 10-25 | Media |
| 6 | Alta de cliente nuevo | 5-15 | Baja |
Rangos observados en procesos de este tipo, no medias del sector. La cifra de tu despacho sale de medir, y medir cuesta ocho días.
Por qué el registro de facturas va primero
Porque tiene volumen predecible, retorno fácil de medir y riesgo acotado: si algo no cuadra, va a bandeja y lo mira una persona. Empezar por aquí también resuelve el problema político de cualquier automatización — el equipo ve el beneficio en la primera semana, en su propio trabajo.
La reclamación de pendientes, el proceso invisible
Nadie lo cuenta como trabajo, pero perseguir a doscientos clientes cada trimestre para que envíen lo que falta consume a una persona entera en los picos. Un flujo que sabe qué ha llegado de cada cliente y qué no, y que envía el recordatorio con el listado exacto, elimina casi todo ese trabajo y además mejora la sensación de servicio.
Lo que no se automatiza
La calificación de un gasto. La interpretación de una consulta vinculante. La estrategia de un cierre. El criterio de un profesional colegiado ante una inspección. La máquina prepara, ordena y detecta anomalías; la persona decide y firma.
Y una oportunidad concreta
Verifactu está obligando a miles de empresas a revisar cómo emiten facturas. Tus clientes van a preguntar. Una asesoría que llega con la respuesta preparada —y con el proceso de facturación de sus clientes ya ordenado— convierte una obligación normativa en un servicio facturable, que es lo contrario de lo que suele pasar con la normativa.
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